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viernes, 22 de abril de 2016

Bullying o acoso escolar

Cada vez son más numerosos los casos de acoso que se están detectando en los colegios. El acoso escolar, o bullying, no es una cuestión aislada; existe y tiene repercusiones negativas en el desarrollo y en el bienestar de los niños/as. Es por eso que no debe dejarse pasar por alto, a pesar de que todavía algunas personas consideren que es “cosa de niños”.

Pero… ¿Qué es el “bullying”? Cuando hablamos de bullying nos referimos a todas las formas de maltrato, intencionadas y sistemáticas, que ocurren sin motivación aparente, adoptadas por uno/a o más estudiantes contra otro/a u otros/as. El objetivo de este acoso se basa en el deseo de imponer el poder sobre el otro, de manera que mediante el sometimiento, la intimidación, el chantaje, y/o la amenaza, obtiene algo, eso sí, atentando contra la dignidad del niño/a y sus derechos fundamentales. Asimismo, hablar de acoso comporta tres elementos principales: un desequilibrio de poder entre acosador y acosado, ya sea real o percibido, la intencionalidad de la agresión, y la reiteración de este comportamiento agresivo. El acoso escolar, además, no abarca únicamente las agresiones entre iguales, es decir, se incluyen también las conductas de los niños/as mayores hacia otros/as de cursos inferiores, así como las conductas agresivas que entre compañeros que se producen fuera del colegio.

Dentro del acoso escolar no podemos hablar de un solo tipo; es más, con frecuencia se dan de forma simultánea el acoso físico (patadas, agresiones con objetos…), el acoso verbal (insultos, motes, menosprecios en público…), el acoso psicológico (mediante amenazas para provocar miedo), y/o el acoso social (exclusión y aislamiento progresivo del acosado).
Sea cual fuere, nos encontramos ante un problema global que afecta a todos los países, que se suele dar principalmente entre los 12 y los 16 años, y que como se ha apuntado anteriormente, tiene graves consecuencias psicológicas y sociales para los afectados, especialmente, cuando el acoso se prolonga en el tiempo. Nos referimos a consecuencias tales como:
  • Síntomas asociados al estrés continuado, como ansiedad, problemas para conciliar el sueño, irritabilidad, y ataques de ira sin que medie causa aparente que lo justifique.
  • Pérdida de autoestima, culpabilización, depresión, pérdida de apetito, anhedonia, y comportamientos de evitación de situaciones sociales, lo que le puede llevar a no querer salir de casa.
  • Somatización, como dolor de estómago, cabeza, náuseas y vómitos.
  • Pérdida de interés por realizar actividades relacionadas con el ámbito escolar, lo que conlleva una repercusión negativa en el rendimiento académico y en las calificaciones. 
Gestionar estas consecuencias de manera adecuada es primordial para evitar otro tipo de secuelas de mayor gravedad a más largo plazo. Por ello es fundamental abordar esta situación cuanto antes. En este sentido, la atención psicológica llevada a cabo por profesionales de la salud mental resultará de gran relevancia para las personas que están sufriendo bullying o lo han sufrido. A menudo el niño/a o adolescente puede sentirse avergonzado de lo que está sucediendo, escondiendo sus sentimientos y no deseando mostrar cuánto le está afectando la situación, pero es necesario cicatrizar esas heridas emocionales que se hayan producido.
Trabajar la autoestima y la imagen negativa de sí mismo/a, potenciar las habilidades sociales, y tratar la superación del trauma, serán algunos de los objetivos de la terapia psicológica. Asimismo, a finalizando destacando la importancia de una intervención conjunta con la familia, con el colegio y con la comunidad.




viernes, 17 de octubre de 2014

Obesidad Infantil

El aprendizaje de hábitos alimentarios adecuados en nuestros hijos es muy importante a la hora de prevenir cualquier tipo de trastorno en su alimentación.

Los niños son como esponjas y aprenden por imitación de los que tienen a su alrededor. Los padres, somos los que más tiempo pasamos con ellos, por ello debemos inculcarles actitudes y pautas adecuadas a la hora de sentarse a la mesa y un estilo de vida saludable desde los primeros años de vida.

Actualmente están aumentando  los casos de obesidad infantil y está demostrado que la mayoría de estos casos continúan teniendo problemas de sobrepeso ya en su edad adulta. La comida rápida o basura, las prisas por los horarios laborales de las familias o el sedentarismo infantil  debido al abuso de las nuevas tecnologías,  llevan a los niños a comer en exceso alimentos procesados (pizzas, canelones precocinados), chucherías, bollería industrial…etc. Todo esto se materializa en niños cada vez más obesos y sedentarios, que muchas veces calman sus ansiedades, preocupaciones e inseguridades con la comida. De ahí es de dónde pueden derivar los trastornos alimentarios tanto en un extremo como en otro.

Algunos consejos  que podemos daros a los papis son:

  1.           Intentar comer sin la televisión, pues generalmente esto les hace perder la noción de la cantidad de comida que están ingiriendo.
  2.          Por lo menos contar con media hora para comer con tranquilidad, sin prisas ni alborotos. Que la comida sea un momento relajado donde poder hablar con la familia de lo que se ha hecho en el día.
  3.           Limitar la cantidad de refrescos, sobre todo en las comidas porque tienen muchos azúcares  y además sacian al niño. Acostumbrar al niño a beber agua de forma continuada y abundante.
  4.           Respecto a la merienda y el almuerzo, sustituir la bollería y las frituras por frutas o lácteos. No saltarse ninguna comida.
  5.           Alternar el consumo de carne y pescado, moderando las raciones para poder acompañarlas siempre de guarnición de verduras y hortalizas.
  6.           Consumir la fruta preferiblemente entera. Menos frecuencia de zumos.
  7.           Programar actividades al aire libre para el fin de semana: ir en bici, hacer alguna excursión…etc
  8.           Es conveniente inculcarle el interés por la práctica de algún deporte, siempre el que él elija ya lo practique en alguna extraescolar o en el fin de semana.
  9.           Poner un límite de tiempo al ordenador, tv, play, tablet.. .etc, para acabar con el sedentarismo y promover otro tipo de juegos más activos.
  10. -         No es adecuado prohibir totalmente algunos alimentos como los dulces, porque en su justa medida no son perjudiciales  y el no poder comerlos nunca les puede generar ansiedad .
  11. -        Todos estos cambios en el estilo de vida se deben hacer poco a poco y sin presiones y sin utilizar la comida nunca como un premio o un castigo.




Como conclusión, deciros, que la alimentación tampoco debe convertirse en una obsesión, es decir, tan malo es el dejar que nuestro hijo coma lo que se le antoje, como el convertir la comida en algo demasiado medido y no permitir que se salga de una determinada dieta nunca. Lo adecuado como siempre, lo encontramos en el punto medio, en encontrar un equilibrio basado en una dieta mediterránea  en la que nuestros hijos coman todos los nutrientes que necesitan y en realizar algún tipo de actividad física por lo menos dos veces a la semana para que crezca sano y fuerte: ” mens sana in corpore sano”

lunes, 10 de marzo de 2014

Miedo a la oscuridad



El miedo a la oscuridad es muy frecuente en la infancia. Suele aparecer pronto, alrededor de los dos años  y continua siendo frecuente hasta los nueve. Es un miedo evolutivo, es decir, suele desaparecer a lo largo de los años, pero si es muy persistente y le impide dormir sólo o interfiere mucho en la vida del niño, es bueno dar una serie de pautas tanto a los padres como a él mismo para erradicarlo.

Los niños suelen relacionar la oscuridad con lo desconocido, el final de las actividades que estén realizando durante el día y la falta de papá y mamá; además en la mayor parte de los cuentos e historias infantiles los ogros, monstruos etc, habitan en sitios oscuros, mientras que las princesas y los héroes en radiantes castillos y el niño al acostarse suele echar a volar su imaginación y cualquier ruido o sombra lo interpreta como una amenaza.

 Muchos de los padres debido a este miedo de sus hijos, duermen en su habitación, o les permiten que pasen a su cama o incluso que duerman en el sofá y esto refuerza aún más este miedo.

Las principales pautas que se suelen emplear a nivel general son:

 - Jugar con el niño durante el día a juegos con las persianas bajadas:  tinieblas (escondite en la oscuridad), la gallinita ciega o la búsqueda del tesoro ( esconder por toda la casa chucherías envueltas en algún papel llamativo o algún juguete y que el niño deba buscarlo).También los juegos de sombras  son bastante útiles en estos casos.

-Intentar que el momento de irse a la cama sea un momento relajante, sin discusiones ni demasiada activación. Se deben evitar las historias de miedo, películas o juegos que puedan crearle ansiedad antes de ir a dormir. En el caso de que viera alguna película con alguna escena que le impactara siempre usar el humor, diciéndole que todo es mentira y explicándole la diferencia entre realidad y ficción.

-Es importante, que el ambiente donde duerme el niño sea agradable e ir jugando poco a poco con la luz. Al principio dejar la luz del pasillo encendida para que tengan más seguridad, después una pequeña lámpara, un piloto de luz y poco a poco ir eliminarla del todo. En el caso de que el niño tenga pesadillas o nos llame en la noche, es importante que acudamos a consolarle y no encendamos la luz, para que no asocie la luz con seguridad.

-Utilizar peluches o algún muñeco también es frecuente para que se sienta más arropado.


Como ya os hemos dicho suele ser un miedo que desaparece, en unos niños antes que en otros, pero es un miedo propio de la edad y que solemos atravesar todos, no hay que darle excesiva importancia, darle confianza y cariño y seguir estos consejos; si aún así sigue teniendo mucha ansiedad a la hora de dormir, pueden consultarnos, nuestra primera sesión es gratuita.

sábado, 20 de julio de 2013

Vacaciones de verano: rutinas, campamentos y deberes



Ha llegado el verano y con él, las vacaciones escolares, con todos los cambios en la dinámica familiar que eso conlleva: más tiempo libre, actividades fuera de casa, cambios en las rutinas y horarios,…
Hay muchos padres y madres que llegadas las vacaciones de los niños nos plantean dudas en relación a, sobre todo, tres cuestiones: ¿se debe ser flexible con las rutinas de descanso, horarios, etc?, ¿dejo que mi hijo vaya de campamentos? y finalmente, ¿hay que hacer deberes en vacaciones?.
En cuanto a los horarios, rutinas habituales de sueño, alimentación, etc, podemos ser un poco más flexibles, dejando que los niños se acuesten y se levanten más tarde, que jueguen un poco más a los videojuegos o vean un ratito más la tele. Muchos expertos dicen que el horario de acostarse y levantarse no debe retrasarse más de dos horas, salvo excepciones. Lo que sí que es aconsejable, es que estas rutinas se vayan acercando al horario habitual paulatinamente cuando se acerca el regreso al colegio.

Por otro lado, cada vez es más frecuente que en esta temporada de vacaciones, los niños acudan a algún campamento o campus de verano. En primer lugar, porque las vacaciones de los niños suelen ser mucho más extensas que las de los padres y estos campamentos nos aportan un entorno seguro donde atienden a nuestros hijos durante nuestro horario laboral estival. Dejando de lado este tipo de cuestiones, podemos encontrar muchas ventajas para el desarrollo de nuestros hijos: aportan nuevas experiencias de desarrollo social y emocional, los niños aprenden en un entorno lúdico, aprenden a comunicarse, convivir, integrarse. Además, hoy en día hay multitud de campus diferentes, desde los que duran un día hasta los semanales o quincenales; los que sólo son unas horas unos cuantos días, hasta los que los niños pernoctan en el campamento varios días; también encontramos desde los más lúdicos hasta los que se centran en el aprendizaje de un idioma o deporte. Para elegir el más adecuado a las necesidades de nuestros hijos tenderemos que tener en cuenta algunas cuestiones como horarios, edad del niño, qué actividades le gustaría hacer a nuestro hijo, si ha salido alguna vez a algún otro tipo de actividad fuera de la ciudad, quienes son los responsables del campamento, etc. En cualquier caso, los campus son una alternativa que no sólo va a hacer que el niño esté cuidado y entretenido durante el verano, sino que puede ser muy beneficioso para su desarrollo afectivo,  social y cognitivo.
Por último, en cuanto a los “deberes”, tenemos que decir que hay muchas opiniones al respecto, desde los que opinan que el verano el niño tiene que dejar cualquier actividad escolar, hasta los que opinan que hay que mantener una rutina durante todo el verano. En mi opinión, lo más adecuado sería un punto medio: hacemos alguna actividad un ratito al día. A no ser que el niño tenga que recuperar alguna asignatura en septiembre, donde sí que estableceríamos una rutina más estricta o incluso sería conveniente que hiciera alguna actividad de estudio controlado (las academias de “repaso”), se puede dedicar un momento del día para hacer actividades escolares. Estas actividades tendrán que ser menos rígidas que los deberes que les mandan a los niños durante el invierno. Además podemos aprovechar las actividades de veraneo para hacer esos repasos: si vamos al campo podemos intentar reconocer plantas y árboles, podemos repasar la geografía mientras hacemos un viaje, leemos los carteles del pueblo que no conocemos, clasificamos las piedras que hemos recogido en la playa,…
No debemos olvidar que, como los adultos, los niños también necesitan un tiempo de desconexión, de reactivación, de recarga de pilas, y eso, lo hacen durante las vacaciones de verano. 

¡FELICES VACACIONES!