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martes, 10 de diciembre de 2013

La llegada de un hermanito


 La llegada de un hermanito a casa suele ser un momento un tanto estresante para nuestros hijos mayores.
El que mamá tenga que estar ingresada unos días en el hospital, que ya no nos dediquen el mismo tiempo y la misma atención que antes, que ya no durmamos en la habitación de nuestros padres y que ahora las visitas fijen su atención en el recién llegado, suponen cambios en las rutinas y vida cotidiana, no sólo del niño, sino en la de toda la familia.
En la mayoría de los casos, el síntoma más aparente son los celos, pero también pueden producirse reacciones de desapego o agresividad hacia el recién nacido. Estos comportamientos suelen asociarse a un miedo a perder la atención y el afecto de los padres y a ser relegado a un segundo lugar.
Otra reacción muy común es la aparición de comportamientos más infantiles, como el volver a hacerse pipi en la cama, despertarse por la noche o llorar sin motivo.


Para prevenir este tipo de conductas, podemos llevar a cabo una serie de estrategias que faciliten un poco esa adaptación:
-Durante el embarazo es bueno ir informando a nuestro hijo de la próxima llegada de su hermano, destacando el atractivo de tener un nuevo compañero de juego y su nuevo papel como hermano mayor lo que le dará un estatus superior. Además, el  explicar con claridad que mamá va a tener que estar ingresada en el hospital unos días también nos ayudará a prevenir o a mitigar ese temor cuando se produzca esa ausencia.
Para evitar que el niño asocie el abandonar la habitación de sus padres con el nacimiento del nuevo hermano, es conveniente que se produzca con suficiente antelación para que no haga esa asociación.
-Cuando el bebé ya esté en casa, podemos seguir  reforzando ese papel de hermano mayor, dejándole participar de alguna forma en el cuidado del bebé, dándole alguna tarea sencilla como enjabonarle las piernas o ir a buscar los pañales….etc. Esta es muy buena forma de que el niño siga sintiéndose importante dentro de la familia. Sin embargo, si no quiere involucrarse con el bebé, no es bueno forzarlo. Muchos niños se adaptan a la nueva situación “ignorando” a sus hermanos durante un tiempo. Es normal, y solo hay que darle tiempo para que se acomode.
También el intentar no cambiar las rutinas anteriores, como el leerle un cuento antes de dormir o el pasar un poco de tiempo a solas con él es bueno, pues le hacen seguir sintiéndose especial.
Si aparecen reacciones de celos, deben aceptarse como una reacción normal, comprenderlo y ayudar al niño a expresar esos sentimientos de forma adecuada; por ejemplo afrontar el hecho con naturalidad y humor si el niño nos expresa que querría “devolverlo” o hacerle ver que él ya no necesita que lo cojan en brazos porque ya tiene unas piernas fuertes y es muy mayor e importante…etc..
Con respecto a las visitas, es importante el integrar al hermano mayor en los elogios e intentar que no se sienta a un lado, recalcando su papel y su ayuda en el cuidado del hermano.
Como padres en estas situaciones, lo principal es mantener una actitud cariñosa y serena e intentar repartir las manifestaciones de cariño de la forma más equitativa posible; no hay que alarmarse, la adaptación inicial a un nuevo hermano no constituye un hecho problemático que hay que resolver, sino una tarea más en el desarrollo humano: la interacción y relación con los hermanos y esto siempre es una fuente de aprendizaje y de alegrías.


Alicia Más Montañés 
Psicóloga Infanto-Juvenil.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Que la comida sea tu alimento y tu alimento tu medicina


Hoy, en el día Universal del Niño, me dispongo a escribir mi primera entrada en el blog con muchas ganas e ilusión. Me apasiona la niñez, esta etapa en la vida en la que todo está por descubrir, dónde tenemos nuestras primeras experiencias físicas, sociales y emocionales y donde poco a poco, y sin darnos cuenta, se va forjando nuestra personalidad y esa mochila de recuerdos y vivencias que llevaremos a la espalda en nuestra vida adulta.


El tema que he elegido para este, mi primer artículo, es la alimentación en la infancia; esta cumple tres funciones principales tanto en el niño como en el adulto, que son la obtención de energía necesaria para el funcionamiento de nuestro cuerpo y nuestra mente, facilitar y promover el crecimiento de los huesos y los músculos; y por último, la reconstrucción y regeneración de otras partes del cuerpo, como las uñas, el pelo...etc.



Las estrategias básicas que podemos utilizar como padres para afrontar situaciones problemáticas a la hora de comer las podríamos resumir en las siguientes:

  • a)       Establecer un ritual: Los niños funcionan muy bien con rutinas. Este ritual tiene como función predisponer al niño positivamente hacia la comida y establecer un cambio gradual entre la actividad que se esté realizando anteriormente y el ponerse directamente a comer. Podría consistir simplemente, en comer más o menos siempre a las mismas horas, y ayudar a mamá y a papá a poner los vasos, los cubiertos, el mantel…etc. También sería de utilidad que el niño/a estuviera presente alguna  vez en el momento de preparación de la misma, incluso que colaborase, sobretodo en casos en los que éste se niegue a introducir nuevos alimentos en su dieta con el fin principal de que se familiarice con ellos y se atreva a probarlos.


  • b)       Hacer de la comida un momento agradable: Es importante que el niño haga una asociación positiva con el momento de sentarse a la mesa. Para ello sería conveniente, que en la medida de lo posible, comiera toda la familia junta, procurando el tiempo necesario para ello y desterrando cualquier discusión a cuenta de lo que el niño come. Es un momento de tranquilidad, destinado a dialogar y a comentar el día, el colegio, los juegos…El evitar distracciones como la televisión, además de prevenir la obesidad, pues cuando se ve la tv pierde la noción de la cantidad de comida que está ingiriendo; facilita la comunicación y mejora el ambiente familiar.

  • c)       Ofrecer cantidades pequeñas: No existe una cantidad fija que el niño tiene que  comer; pero sobretodo a los niños pequeños, menores de seis o siete años, lo mejor es ofrecerles cantidades muy pequeñas pues pueden agobiarse si ven el plato repleto de comida. Un truco que puede emplearse es utilizar un plato grande para reducir la percepción de cantidad del niño. Niños mayores de esta edad ya pueden servirse un poco más a su gusto, pues generalmente comerán lo que ellos consideren necesario para saciar su apetito.

  • d)       No picar antes de la comida ni dejarles beber refrescos o demasiada agua durante la comida, pues puede saciarles rápidamente.

  • e)       Ofrecerles el alimento, pero nunca forzarlo: si el niño no quiere comer más no hace falta hacer comentarios, ni caer en discusiones, aunque creamos bajo nuestro criterio que no ha comido lo suficiente. Si el niño ya no come más, puede ser simplemente que ya está saciado, no debemos forzarle. Además el focalizar la atención en un alimento que por lo que sea el niño no quiere ingerir, no hará más que reforzar la repulsión que tenga el niño hacia él.

  • f)        Dar buen ejemplo: Es importante, que tanto en la comida, como en todos los aspectos de la vida diaria, seamos modelos de nuestros hijos, pues los niños suelen repetir costumbres y hábitos que realizan sus padres. En el caso de la comida, el cuidar los modales y la higiene a la hora de sentarnos a la mesa es fundamental: lavarse las manos antes de comer, utilizar servilletas, no comer con la boca abierta, son aprendizajes que se realizan ya a una edad temprana y por imitación.

  • g)        Limitar el tiempo de la comida: no es adecuado establecer el criterio de que la comida finaliza cuando el niño termina todo lo que está en el plato, porque igual el niño no tiene más apetito y no se lo va a terminar. Comer deprisa no es saludable, pero un promedio de unos 30 minutos es suficiente. El alargar las comidas a veces solo puede llevarnos a que el niño acabe aborreciendo el momento de sentarse a la mesa y lo viva más como una obligación que como un momento placentero.

h)       Por último, el establecer un menú semanal: Esto no solo ayuda al niño sino a los propios padres para organizar la compra semanal y a establecer una dieta variada. No es bueno que el niño se acostumbre a comer a la carta, que si hoy no le apetece comer pescado, pueda comer otra cosa. Debe acostumbrarse a comer lo que toca cada día y si toca algún alimento que no le gusta, por lo menos se decida a probarlo. En esos casos, podemos intentar incluir estos alimentos en la dieta, en pequeñas cantidades y cocinándolos de forma atractiva para ellos.


Espero que os haya entretenido y al mismo tiempo haya cumplido mi misión que es hacer mas fácil la educación y crianza de los reyes de la casa: "Nuestros Hijos"

sábado, 20 de julio de 2013

Vacaciones de verano: rutinas, campamentos y deberes



Ha llegado el verano y con él, las vacaciones escolares, con todos los cambios en la dinámica familiar que eso conlleva: más tiempo libre, actividades fuera de casa, cambios en las rutinas y horarios,…
Hay muchos padres y madres que llegadas las vacaciones de los niños nos plantean dudas en relación a, sobre todo, tres cuestiones: ¿se debe ser flexible con las rutinas de descanso, horarios, etc?, ¿dejo que mi hijo vaya de campamentos? y finalmente, ¿hay que hacer deberes en vacaciones?.
En cuanto a los horarios, rutinas habituales de sueño, alimentación, etc, podemos ser un poco más flexibles, dejando que los niños se acuesten y se levanten más tarde, que jueguen un poco más a los videojuegos o vean un ratito más la tele. Muchos expertos dicen que el horario de acostarse y levantarse no debe retrasarse más de dos horas, salvo excepciones. Lo que sí que es aconsejable, es que estas rutinas se vayan acercando al horario habitual paulatinamente cuando se acerca el regreso al colegio.

Por otro lado, cada vez es más frecuente que en esta temporada de vacaciones, los niños acudan a algún campamento o campus de verano. En primer lugar, porque las vacaciones de los niños suelen ser mucho más extensas que las de los padres y estos campamentos nos aportan un entorno seguro donde atienden a nuestros hijos durante nuestro horario laboral estival. Dejando de lado este tipo de cuestiones, podemos encontrar muchas ventajas para el desarrollo de nuestros hijos: aportan nuevas experiencias de desarrollo social y emocional, los niños aprenden en un entorno lúdico, aprenden a comunicarse, convivir, integrarse. Además, hoy en día hay multitud de campus diferentes, desde los que duran un día hasta los semanales o quincenales; los que sólo son unas horas unos cuantos días, hasta los que los niños pernoctan en el campamento varios días; también encontramos desde los más lúdicos hasta los que se centran en el aprendizaje de un idioma o deporte. Para elegir el más adecuado a las necesidades de nuestros hijos tenderemos que tener en cuenta algunas cuestiones como horarios, edad del niño, qué actividades le gustaría hacer a nuestro hijo, si ha salido alguna vez a algún otro tipo de actividad fuera de la ciudad, quienes son los responsables del campamento, etc. En cualquier caso, los campus son una alternativa que no sólo va a hacer que el niño esté cuidado y entretenido durante el verano, sino que puede ser muy beneficioso para su desarrollo afectivo,  social y cognitivo.
Por último, en cuanto a los “deberes”, tenemos que decir que hay muchas opiniones al respecto, desde los que opinan que el verano el niño tiene que dejar cualquier actividad escolar, hasta los que opinan que hay que mantener una rutina durante todo el verano. En mi opinión, lo más adecuado sería un punto medio: hacemos alguna actividad un ratito al día. A no ser que el niño tenga que recuperar alguna asignatura en septiembre, donde sí que estableceríamos una rutina más estricta o incluso sería conveniente que hiciera alguna actividad de estudio controlado (las academias de “repaso”), se puede dedicar un momento del día para hacer actividades escolares. Estas actividades tendrán que ser menos rígidas que los deberes que les mandan a los niños durante el invierno. Además podemos aprovechar las actividades de veraneo para hacer esos repasos: si vamos al campo podemos intentar reconocer plantas y árboles, podemos repasar la geografía mientras hacemos un viaje, leemos los carteles del pueblo que no conocemos, clasificamos las piedras que hemos recogido en la playa,…
No debemos olvidar que, como los adultos, los niños también necesitan un tiempo de desconexión, de reactivación, de recarga de pilas, y eso, lo hacen durante las vacaciones de verano. 

¡FELICES VACACIONES!